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La enfermedad por coronavirus (COVID 19) es una ‎enfermedad infecciosa causada por un ‎coronavirus recientemente descubierto. La mayoría de las personas que enferman de ‎COVID 19 experimentan síntomas de leves a ‎moderados y se recuperan sin tratamiento ‎especial. ‎

El virus que causa la COVID‑19 se transmite principalmente a través de las gotículas generadas cuando una persona infectada tose, estornuda o espira. Estas gotículas son demasiado pesadas para permanecer suspendidas en el aire y caen rápidamente sobre el suelo o las superficies. Usted puede infectarse al inhalar el virus si está cerca de una persona con COVID‑19 o si, tras tocar una superficie contaminada, se toca los ojos, la nariz o la boca.

Ahora bien, existe una complicación de la cual es importante conocer: LA NEUMONÍA. Las bacterias o virus como la gripe o influenza que causan neumonía pueden diseminarse por grandes regiones del pulmón en el transcurso de horas. En la unidad de cuidados intensivos moderna, estas bacterias o virus generalmente son controlados con antibióticos o por el sistema inmunológico del cuerpo durante los primeros días de la enfermedad.

 

En lugar de infectar rápidamente grandes regiones del pulmón, el virus que causa COVID-19 se instala en múltiples áreas pequeñas del pulmón. Luego secuestra las propias células de los pulmones y las usa para afectar el pulmón durante un período de muchos días o incluso semanas, como si se tratase de múltiples incendios forestales que se extienden por un bosque. A medida que la infección se mueve lentamente a través del pulmón, deja daño a su paso y alimenta continuamente la fiebre, la presión arterial baja y el daño a los riñones, el cerebro, el corazón y otros órganos en pacientes con COVID-19.

La neumonía es una infección respiratoria que afecta gravemente los pulmones: éstos se llenan de pus y líquido, lo que hace dolorosa la respiración y puede llevar a complicaciones serias, tales como una falla del sistema respiratorio, y abscesos o inflamación descontrolada a lo largo del cuerpo (sepsis).

 

En conclusión, las secuelas a medio y largo plazo de la COVID-19 que se han documentado son un elevado número de casos de persistencia de síntomas tras la fase aguda, sin una clara relación con la gravedad de la enfermedad. A nivel pulmonar, se sabe que un porcentaje importante de pacientes que han tenido una enfermedad grave presentan alteraciones en la función respiratoria tras 3 meses desde el alta hospitalaria.  Determinar en los próximos meses tanto la incidencia real de las secuelas como su tratamiento, será de gran interés para conocer el impacto real que tiene en los pacientes la neumonía provocada por la COVID-19. Recuerda que es absolutamente necesario continuar con las medidas generales de prevención: constante y efectivo lavado de manos, uso correcto del tapabocas cubriendo nariz y boca, al igual que el distanciamiento social.