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Las patologías que afectan al sistema digestivo a nivel de estómago e intestinos pueden desarrollarse a través de distintas vías. La gastroenteritis, las úlceras pépticas, el reflujo gastroesofágico, las hemorroides, el cáncer colorrectal, el de estómago o la colitis. Hay muchos ejemplos de enfermedades, tanto de origen infeccioso como no infeccioso, que pueden afectar a nuestro estómago y a los intestinos. Y es que estos componentes del sistema digestivo no sólo están expuestos a la entrada de bacterias, virus y parásitos que llegan a través de los alimentos con el objetivo de colonizar estos órganos, sino que, debido a estilos de vida poco saludables o defectos de carácter genético, es posible que no puedan realizar correctamente sus funciones.

En ese sentido, dependiendo de si afecta al estómago o a los intestinos (y de con qué gravedad lo haga), estaremos ante problemas en la digestión o en la absorción de alimentos, respectivamente, motivo por el que estas enfermedades gastrointestinales suelen causar diarrea, vómitos, deshidratación, fiebre (si hay infección), malestar general, dolor abdominal e incluso mocos o sangre en las heces.

1. Gastroenteritis.

Es una enfermedad con unos síntomas que suelen durar unos dos días (máximo siete) y que se resuelve sin mayores complicaciones, aunque en la población de riesgo (lactantes, bebés, niños, ancianos y personas inmunodeprimidas) sí que hay riesgo de que la deshidratación (por la diarrea y los vómitos) pongan en peligro la vida.

2. Enfermedad por reflujo gastroesofágico.

La enfermedad por reflujo gastroesofágico es una patología en la que el ácido estomacal y las enzimas digestivas circulan en sentido contrario y pasan al esófago, un conducto que conecta la boca con el estómago, haciendo llegar los alimentos a este, pero que no tiene un epitelio preparado para resistir la acidez, por lo que esta llega de ácido provoca una irritación que puede ser grave.

3. Úlceras pépticas.
Las úlceras pépticas son llagas abiertas que se desarrollan tanto en el revestimiento del estómago como en la parte superior del intestino delgado, recibiendo el nombre de úlceras gástricas o úlceras duodenales (El duodeno conecta estómago con intestino), respectivamente. La causa más frecuente es sufrir una infección por Helicobacter pylori. El dolor y el ardor estomacal, las náuseas, la sensación de acidez e hinchazón, la intolerancia a los refrescos con gas, etc. Son los signos clínicos más habituales, aunque la verdadera complicación llega con el riesgo de sufrir sangrados internos u obstrucciones intestinales, las cuales sí que pueden ser realmente graves. En este caso, habrá que tratar con antibióticos (si la causa es una infección) o abordar el factor desencadenante rápidamente.

4. Colitis.
La colitis es una enfermedad en la que, debido a la aparición de llagas en los intestinos, tiene lugar un proceso inflamatorio en el colon. Aunque no siempre es peligrosa, lo cierto es que puede derivar en complicaciones que sí ponen en riesgo la vida del paciente. No están demasiado claras las causas, pues se ha visto que no está vinculada a un proceso infeccioso, por lo que debería ser consecuencia de algún tipo de trastorno autoinmune. A pesar de que dependen de la localización y del número de llagas, la colitis suele manifestarse con cólicos abdominales, fiebre, fatiga, dolor rectal, diarrea con sangre o pus, estreñimiento.

5. Infección por Helicobacter pylori.
Helicobacter pylori es una de las bacterias más resistentes del mundo y, por desgracia, es patógeno para los seres humanos. Se trata de un organismo acidófilo, es decir, que es capaz de crecer y reproducirse en ambientes muy ácidos, como es el caso del estómago humano.
Llegando a través de alimentos contaminados con esta bacteria e incluso por contacto directo o indirecto con la saliva (o heces) de una persona infectada, Helicobacter pylori coloniza el epitelio gástrico y se desarrolla en él, provocando la aparición de úlceras pépticas en el estómago.

6. Cáncer colorrectal.
El cáncer colorrectal es, con sus 1,8 millones de casos anuales, el tercer cáncer más común del mundo (por detrás del cáncer de pulmón y el de mama). Es aquel que se desarrolla en las células del intestino grueso (colon) y que puede llegar hasta el recto. Afortunadamente, si se detecta cuando todavía no ha diseminado a otros órganos, es decir, cuando aún no ha hecho metástasis, el índice de supervivencia es del 90%. Por ello, es imprescindible hacer los chequeos médicos oportunos para detectarlo cuanto antes.
De igual modo, hay que estar atento a sangre en las heces, dolor en la zona baja del abdomen, diarrea, estreñimiento, pérdida de peso, cansancio constante, gases, calambres abdominales, etc., especialmente cuando no hay una infección de por medio, pues son los síntomas más frecuentes de este tipo de cáncer.

Recuerda que, ante cualquier signo de alarma, puedes solicitar tu cita por Gastroenterología en Probienestar y así prevenir complicaciones severas que podrían afectar tu salud.